Cuenca es una ciudad nombrada Patrimonio de la Humanidad desde 1996 gracias a sus monumentos y a su entorno natural privilegiado, donde se encuentran varios miradores, como el Mirador de la Hoz del Huécar, o el Mirador del Barrio del Castillo.
Una de las peculiaridades que tiene Cuenca es el puente de San Pablo, construido de hierro y madera en 1902. Tiene 100 metros de longitud y atraviesa la hoz y río Huécar. Se trata de uno de los mejores lugares donde poder observar las Casas Colgadas, un conjunto de edificios civiles que se caracterizan por sobresalir en la alta cornisa rocosa de la hoz. Se realizaron entre los siglos XIII y XV y en el año 2016 fueron declaradas Bien de Interés Cultural con la categoría de monumento.
No hay que olvidarse de la Catedral de Santa María y San Julián, el templo principal de la ciudad y sede de la diócesis de Cuenca. De estilo gótico, las obras comenzaron en el año 1196 y finalizaron en 1257, aunque a lo largo de los siglos ha sufrido transformaciones y reformas.
Su estilo está inspirado en algunas de las catedrales francesas más representativas, y en lo alto del rosetón puede contemplarse la escultura de San Julián, patrón de la localidad.
En su interior, también digno de ver, predominan los arcos apuntados. La catedral se compone por más de veinte capillas, dedicadas a la Virgen y a diferentes santos, sobre todo a San Julián. En la parte central se encuentra el coro, del siglo XVIII, y si se accede al triforio se puede apreciar todo el conjunto interior desde las alturas, además de visualizar una panorámica de la Plaza Mayor.
La catedral también cuenta con el Patio de la Limosna, donde hay unas amplias vistas de la Hoz del Huécar.